Presentación

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Describir y predecir los movimientos del tiempo a través de la observación de la naturaleza constituye, en el fondo, el paradigma fundamental de todo conocimiento construido en base a la observación de lo sensible.

El historiador de arte Aby Warburg dedicó una parte considerable de su investigación a la astrología, poniendo de relieve la importancia cultural de esta “pre-ciencia” dedicada a leer las constelaciones de las estrellas en la historia política, religiosa y estética del pensamiento occidental.

La lotería y los horóscopos, el interés por las profecías mayas, pero también el seguro de vida así como las citas electorales, muestran que el cálculo de probabilidades, la predicción de acontecimientos futuros y la adivinación, lejos de haber desaparecido de nuestro horizonte cognoscitivo han ido cobrando fuerza bajo nuevos regímenes de representación y gobiernos de la Realidad.

El dominio del tiempo conlleva implícitamente el establecimiento de un fin futuro. En castellano y en ingles, un fin (End) puede ser el término o la meta de la acción, y a menudo es ambas cosas a la vez.

Además, en casi todas las lenguas romances nos encontramos con la polisemia de la palabra “tiempo”. Con ella podemos referirnos tanto al tiempo cronológico como al tiempo atmosférico. La combinación catastrófica entre el tiempo que hace y el tiempo que hacemos, el llamado cambio climático, se anunciaba en ella.

Pero si la imaginación apocalíptica nos fascinaba por el dinamismo que desplegaba y acompañaba a su espíritu, hoy, cuando la máxima aspiración consiste en ampliar cuotas en los sistemas de control, la imaginación milenarista ajena a la posibilidad de renovación sustancial, se nos muestra domesticada.

Un fin apocalíptico, por lo tanto, de carácter natural, predicho o explicable por la ciencia, y definido, básicamente, como una catástrofe o una destrucción violenta del entorno ambiental. Una catástrofe del mismo modo naturalizada, de la cual nos es posible eximir cualquier tipo de responsabilidad, y que, finalmente se expresará en las delgadas líneas de una gráfica y no en las imponentes imágenes del libro del Apocalipsis.

Siendo lo apocalíptico el lenguaje y la forma de gobierno en el que se expresa habitualmente lo contemporáneo, la propuesta expositiva the end propone diversas lecturas sobre la naturaleza, el tiempo, el clima, la acción del hombre y el espíritu de la negatividad a través de un prisma formado por diversas obras provenientes del Arte, la Literatura y la Ciencia.

Oier Etxeberria

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